Las lloronas

Juan Ayala es académico del Departamento de Estudios Humanísticos de la UTFSMEn tumbas del antiguo Egipto puede leerse claramente la imagen de “las lloronas”, llamadas también plañideras, quienes cumplían la misión de expresar a las deidades el dolor provocado por los seres que partían al otro mundo. Pero no solo era cuestión divina, también era cuestión social: había que redimirse socialmente, purgar errores por acción u omisión, eran tiempos de estratagemas y cálculos políticos con sesgo de faraón. Traiciones, asesinatos, cuestiones de poder, ¿cuánto de esto comparece ante la muerte de Daniel Zamudio? Tenemos plañideras en todas las tribus, llorarán hasta deshidratarse, solo se detendrán cuando el ruido social se apague, y como reza el texto dejado en la posta central, volvamos a la vida de reality. Un país insular como Chile, donde el peonaje no había salido del latifundio hasta la reforma agraria de Frei Montalva, difícilmente podría decirse tolerante. Un país donde el usar kipá o turbante es mirado con recelo, un país donde la cuestión moral se reduce a los genitales, no es tolerante.

Curiosamente la izquierda gobernante alentó la segregación: condominios, comercios, clínicas, colegios y universidades, de diseño “burbuja”. Hubo de asumir un gobierno de derecha para que se activaran el Sernac Financiero y se empezara a hacer justicia con los pensionados. Sé que se me argumentará que había muchas rémoras de la dictadura, que antes había que hacer cambios estructurales, es cierto, pero gobernaron continuamente durante el 10% de nuestra vida republicana. ¿No se dieron cuenta que la minimización del aparato estatal, no se condecía con el sistema desregulado que fomentaron? ¿Que hubo rechazo de la derecha parlamentaria? ¡Claro que sí!, pero se les había elegido para gobernar y ello significa debate con altura de miras. El ciudadano común percibió más acomodo que política de los consensos, por eso votó por la derecha.

Lo que se necesita es sana ideología, es decir, discutir desde la profundidad de los conceptos, pero lo que veremos en las próximas elecciones es más hipocresía. Pocos candidatos se presentarán amparados por las insignias de su partido. ¿Qué en las municipales se vota por personas, qué los partidos importan menos? Falso. Lo que el electorado necesita son ideas en torno a las cuales construir, y las ideas en política constituyen un cuerpo doctrinario, responden a una visión de mundo que se encarna y concreta día a día. ¡Mi partido es la gente, déjenme demostrarlo!, dirán los postulantes. Que “el movimiento se demuestra andando”, vale para la investigación científica, no para experimentos sociales, estos tienen costos humanos: la muerte homicida de Daniel Zamudio, el abuso de La Polar, el desamparo de Aysén.

Las plañideras de Daniel tendrán trabajo, las iglesias lo lamentarán y condenarán, las comunidades étnicas abogarán por la tolerancia, otros harán como el rey que recibía a los embajadores en harapos y se tiraba arena al cuerpo, simbolizando lo efímero del poder y de la vida, pero que luego brindaba en el banquete con copas de oro y adornado con joyas. Es más digno recibirlos en frac o chaqué, transparencia y consistencia ante todo, no máscaras o caretas que acomodan a los burócratas de turno, ahora hay que llorar, ¿mañana?, veremos. Para que se produzca algún cambio real, debe argumentarse desde las ideas con valentía y rigor intelectual, ¡ese es un debate valórico de verdad!

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