El fútbol no es tan importante

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Leonid Kovel es delantero. Tiene 33 años y juega en el Belshina Bobruisk de Bielorrusia. ¿Y qué tiene eso? Es uno de los 5 países en el mundo donde se sigue jugando al fútbol en medio de una pandemia. Claro, ellos -“menos” afectados por el bicho del Covid-19 (1066 casos, 13 muertos)- pueden seguir adelante ya sea en partidos amistosos o por los puntos.

En un par más de fechas, el Belshina va a tener que jugar contra el Dinamo Brest. ¿Otro dato innecesario? Salvo que sepa quién es el presidente del próximo rival. No se llama Dymitros ni Ygor. Se llama Diego, se apellida Maradona. No hay historia que contar de porqué llegó ahí. Con “es Maradona”, basta. El mismo club que decidió poner maniquíes con las fotos de los hinchas, porque resulta que todo el tema no es tan importante como para arriesgar a los fanáticos del club. Ni porque sea una de las pocas ligas que se juega ni por la presunta influencia de Maradona. Porque, al final, no importa tanto, por eso se juega ante hinchas, literalmente, de cartón. Qué importa, ahora estamos pensando en otra cosa.

Puede parecer absurdo pretender escribir algo sobre fútbol -o deportes en general- y que, más encima, trate ser interesante. Qué difícil, también, se vuelve intentar de ser ingenioso para tratar de explicar un mundo sin deportistas en las canchas, salvo nuestro amigo Leonid y sus compañeros, que ya están por la cuarta fecha de la Vysshaya Liga.

Se dice, por ejemplo, que dentro de las cosas menos importantes de la vida, el fútbol es la más importante. Se puede estar de acuerdo. Se debería estar de acuerdo, por lo menos.

Porque ya vimos cómo el mundo sigue girando, de una forma rara, irregular, en medio de la pandemia, pero sigue. Sin estadios -ni los gigantes y preciosos coliseos europeos ni los destartalados latinoamericanos-, ¿puede el mundo seguir, indefinidamente, sin fútbol? Por supuesto. Los auspiciadores dan lo mismo; los clubes, so descalabro económico, pueden desaparecer; los hinchas, encontrar pasatiempos en internet y tratar de apagar el amor por los clubes que quedan en el recuerdo; los futbolistas, dedicarse a profesiones u oficios que reporten ingresos menos onerosos, pero que les permitan solventar sus gastos.

Mientras tanto, el Belshina Bobruisk estaba jugando con el Neman Grodno. Da lo mismo.

El mundo podría seguir, pero sería aburrido. Porque, en gran medida, el fútbol entrega mucho más que el resultado publicado en el diario del lunes. Aporta discusiones – tan útiles como inservibles -, pero que terminan siendo una vía de escape para todos quienes vuelcan sus ilusiones y frustraciones en la representación de los 22 que cada fin de semana se vuelven una catarsis para quienes padecen del Diógenes emocional de querer a una camiseta.

Terminó el primer tiempo en Bielorrusia, va ganando el Neman Grodno, gol de tiro libre -con la complicidad del arquero-, del armenio Gegam Kadimyan.

A Bielorrusia súmele Burundi y Taiwán, allá se sigue jugando, al menos por los puntos; los equipos suecos están jugando amistosos. ¿Hay miles de personas así interesadas en ver el partido entre el Top Junior y el Messager Rumonge burundeses? La verdad, es poco probable; aunque haya sido un 3-1 favorable al Top. El interés está en otro lado. Y aunque se jugara la Premier o La Liga, no importaría demasiado. Porque pese a que podría ayudar a distraerse, el fútbol no es tan importante. Es lo más importante de lo menos importante. Empató el Belshina. Gol de Leonid. Qué importa. Siguen últimos en la tabla y pronto viene el equipo de Maradona y los hinchas de cartón. Tampoco son tan importantes.

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