Su juventud, la clandestinidad y la fuga desde la CAS

“Siempre fue muy deportista, como todos nosotros”, dice Laura Hernández Norambuena al referirse sobre su hermano Mauricio. “Yo soy seis años menor que él, era poco lo que teníamos de interacción. Sí recuerdo los partidos de fútbol en el barrio, no recuerdo que haya destacado entre sus amigos por algo en particular. Después, viene todo el tiempo de la militancia y todos los hermanos militábamos en el Partido Comunista”

¿Cómo veían sus papás la militancia de ustedes?

“La complicación tenía que ver con todo lo que hacíamos, mis padres también la tenían. Mi mamá era abogada ligada a la defensa de los Derechos Humanos y mi papá murió el año 76, así es que no alcanzó a vivir mucho en dictadura. Por lo tanto, yo entiendo que fue parte de la historia que nos tocó vivir. Mi madre tuvo que tener las preocupaciones de cualquier padre al ver que participábamos insertos en un lugar donde estaba autorizado para matar, torturar y desaparecer».

«Mauri asumió responsabilidades en el área de la propaganda. A mí me tocó verlo siempre con mucha seriedad ante eso. Si era necesario levantarse en la madrugada a pegar un lienzo, él iba y siempre estaba dispuesto, pese al peligro. Me tocó estar en actividades en poblaciones y siempre estaba muy preocupado, no sólo por ser su hermana, sino porque él estaba a cargo del grupo y se preocupaba por los más jóvenes. En esos años, lo caracterizaba a Mauricio era el arrojo, la responsabilidad y la dedicación”.

¿Cuándo sintieron que Mauricio comenzó a radicalizar su postura?

«En esos años todos ya estábamos todos un poco radicalizados, éramos parte de lo mismo. La Jota tenía la intención de que sus militantes tuvieran nociones de lo que era la pelea armada”.

¿No hubo reparos a nivel familiar?

«Nosotros vivíamos una situación de peligro permanente por ser de oposición. A Mauri lo comienzan a perseguir, allanaron nuestra casa en tres oportunidades. Mis otros hermanos se fueron relegados por tres meses al norte y el sur, y yo con mi hermana nos fuimos detenidas varias veces por estar panfleteando. La constitución del Frente y su preparación militar, no aumentó el miedo, sino que nos dio más tranquilidad. No era llegar y tirar una bomba, sino que él estaba preparado para ello. Que decidiera partir a Santiago y alejarse de la familia tuvo que ver con la seguridad de él, de nosotros y de la organización».

¿Qué pasó cuando usted supo que Mauricio estaba involucrado en el atentado a Pinochet?

«No lo supe por él, lo suponía. Sabía que él iba a estar en las acciones más jugadas o que requerían mayor preparación.

¿Qué pasó cuando su nombre comenzó a circular en la prensa?

«Nos preguntaban si era mi hermano, pero como familia teníamos solidaridad y soporte absoluto. Creo que fue el año 2002 que aparecieron unas listas con el nombre de él».

¿Y cuándo fue el atentado a Jaime Guzmán tuvieron algún tipo de presión como familia?

«Cada cierto tiempo, incluso hasta el día de hoy, hay seguimientos por la casa. Cuando estamos cercanos a viajes, hay autos sospechosos y gente extraña. Hay gente que se sigue sintiendo amenazada, no tiene que ver con que estemos o no en democracia».

¿Ya detenido en Chile, podían tener contacto con él?

Sí, lo visitábamos semanalmente, tuvimos un acercamiento familiar porque durante muchos años lo vimos muy fugazmente y acá podíamos visitarlo todas las semanas. estar tres horas con él para conversar de la vida, de todo, fue un reencuentro».

Ahí pudo conocer más a sus sobrinos

«Claro, ahí pudo conocer a algunos y reencontrar a los más grandes, que cuando él los dejó de ver eran chicos. En estos últimos ocho años ellos han podido tener una relación por carta».

¿Y cómo ven sus sobrinos a este tío “mito”?

“Cuando vamos al consulado de Brasil, los sobrinos son los encargados de los lienzos. Si hay que juntar firmas, ellos están con la camiseta de su tío. En las actividades para financiarnos, como peñas, ellos son los que atienden las mesas. No es que tienen que estar, pero no pueden no estar, porque sería extraño que no estuviesen. Ahora ellos se cartean con él, sermonea desde la lejanía cuando corresponde, discuten de lectura, ellos le mandan los libros que leen acá”.

¿Cómo se enteró de la fuga de la Cárcel de Alta Seguridad, a fines de diciembre de 1995?

“Al principio tuvimos mucho miedo de que fuera un montaje y que apareciera tirado por ahí. Con el paso de los días se fue tranquilizando el ambiente y entendimos que sí se trató de una fuga. Cuando nos cuentan que se fuga tan espectacularmente, esperábamos una señal como familia para confirmar que fuera cierto y para el Año Nuevo festejamos. Sabíamos que por la experiencia de ellos, ya estarían lejos, tenemos una larga cordillera y hay muchas partes por donde salir”.

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