El 20% de la polémica

MLotwitterAún cuando muchos celebren anticipadamente la decisión que la tarde de este martes tomó la sala de la Cámara de Diputados, que aprobó el proyecto de ley sobre Fomento de la Música Nacional que obliga a las radioemisoras nacionales a programar una cuota de 20% de música chilena -y que con sólo una indicación fue enviada al Senado-, lo cierto es que aún resta que pase bastante agua bajo el puente.

La moción divide porque, como en casi todas las discusiones de fondo respecto de la cultura, no suelen haber opiniones convergentes. El promotor del proyecto, el diputado Enrique Estay (UDI); la Sociedad Chilena del Derecho de Autor (SCD) y buena parte de los músicos apoyan la idea -con distintos grados de interés real y comercial-, arguyendo que ayudará a abrir los necesarios espacios de difusión para la música chilena, eternamente postergada en las parrillas de las grandes emisoras chilenas, quienes privilegian transmitir cultura extranjera.

Por el otro lado, quienes se oponen, entre ellos la Asociación de Radiodifusores de Chile (Archi) explican -también con distintos grados de interés real y comercial- que  no se puede obligar por decreto a preservar una manifestación cultural chilena (en este caso la música), pues aquello tendría insospechados efectos sociales y comerciales, y que dictar pautas de consumo cultural sería una decisión sumamente chauvinista y retrógrada.

Separemos las aguas…

Por una parte, considero que está bien idear una fórmula que permita proteger la creación chilena e intentar emparejar las desiguales condiciones con que compiten frente a la irrupción musical extranjera, avalada en grandes sellos multinacionales. A priori la pelea está perdida. En ese sentido, es tentador intentar imitar experiencias de países como Canadá, España, Francia y Brasil, que a través de normas similares han dado un marco base para que la música propia tenga cabida en las radios nacionales. Pero son otro contexto, con mercados autosuficientes y una idiosincrasia curtida en el respeto y el cuidado hacia lo propio, algo que –dada nuestra arraigada tradición «chaquetera»– en estos pagos no se acostumbra.

No olvidemos, además, que el gran telón de fondo de esta disputa es el mercado. El mismo mercado que condiciona tantos otros ámbitos de nuestra vida social y cultural, partiendo por los aspectos más importantes, como son la educación, la salud y la vivienda. Un mercado que, sin más, hemos aceptado como una especie de marco supraregulador de todos los aspectos del quehacer republicano frente al que, sin embargo, nos rebelamos sólo cuando nos es esquivo, como creo que la SCD y los músicos chilenos hoy está haciendo.

El Estado debe intervenir, sin duda, pero no alterando las normas del mercado que hace rato vienen controlándolo todo sin que aleguemos mucho. Bajo ese prisma, entonces, varias otras causas que hacen nata en las organizaciones ciudadanas -en salud, educación, etc- deberían derivar en mociones parlamentarias como esta. No es, en definitiva, la solución.

Hay otras vías: subvencionemos conciertos gratuitos de artistas chilenos en regiones; premiemos experiencias como la Radio Uno y a las emisoras que programen música con sello nacional (en vez de prohibir); incluyamos ramos de historia y apreciación musical chilena en los colegios (Violeta estaría dichosa); capacitemos a los encargados de los sellos nacionales autogestionados que sobreviven a puro pulso; consolidemos escenarios en distintas comunas, con apoyos para que más y mejores artistas chilenos se paren en ellos.

Y, por sobre todo, sobre todo aprendamos a descubrir de muto propio (y sin que una ley obligue a mi radio favorita a hacerlo) el catálogo inmenso, exquisito e interminable de músicos chilenos que existe: de Violeta a Víctor, de Luis Advis a Los Blops, de la orquesta Huambalí a Pascuala Ilabaca, de Guiso a Sinergia, de Los Prisioneros a Cómo asesinar a Felipes, de Cecilia a Los Blue Splendors…y así…

En fin. Una ley -buena o regular como esta- no solucionará el tema de fondo, menos si no se ha discutido realmente acerca de por qué los músicos han debido llegar al extremo de pedir el cambio de reglas de un juego que, desde hace rato, han venido jugando.

1 comentario

  1. Estimado:

    Concordando con varios puntos esgrimidos sobre la disputa del mercado, me declaro en desacuerdo con las propuestas – solcuciones – posibilidades que planteas para el apoyo de la música nacional.

    Desconozco prejuiciosamente si el obligar a las emisoras radiales nacionales vaya a dar un cambio tan contundente al «gusto de oreja» de los que consumimos música. Personalmente y por un tema de interés personal escucho del producto chilensis lo que me atrae en internet o páginas informativas. Creo que el proyecto de ley apunta a algo que no solo la música adolece en este país, sino a las manifestaciones artísticas en general: EL APOYO DE LOS MEDIOS.

    Lo que intuyo quiere aportarse es una revaloración cultural no solo de consumo. Si es cierto que estaría bueno que en este patio trasero occidental en el que vivimos los que se dedican profesionalmete a su labor creativa vivan de su trabajo; y en eso como sociedad que se ampara en los medios de comunicación, el darle un miserable 20% de la programación me resulta «justo».

    ¿Qué se gana con hacer conciertos gratuitos en sectores regionales si el «pueblo consumidor» no tiene el más minimo interés en ir a ellos ya que no conoce a los grupos o cantantes o compositores que lleguen a presentarse en ellos? (Lo mismo ocurre con las obras de teatro que itineran peleándose los famosos FONDART… si no hay un rostro que aparezca en los medios, el público, por muy gratuita que sea la obra, no asiste con mayor interés. A ciencia cierta lo planteo)

    Comentar que chovinismo sería el negar la música popular AM y FM extranjera y solo plantear el producto nacional como válido para las masas (Como lo que ocurrió con la música en inglés en Argentina en los ochentas) Esta ley no se trata de eso. Es dar el espacio al producto local, algo muy extraño en una sociedad huacha de raíces como la nuestra.

    Lo planteo como seguidor de Depeche Mode, de Manuel García, de Garbage, de Los Tres, de Combo Ginebra…

    Darle espacio a los artistas locales… no puede ser chovinismo.

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