Benedicto se va, Chávez llega

Juan Ayala es académico del Departamento de Estudios Humanísticos de la UTFSMLa sucesión chavista encarnada en el canciller Nicolás Maduro, estaría asegurada por el mito omnipresente de Hugo Chávez, máxime toda vez que la peregrinación a su tumba se convertirá en un rito a cumplir por toda la izquierda latinoamericana, alguna vez en la vida se deberá concurrir a presentar los debidos respetos a su cuerpo embalsamado. Esta es una práctica tan transversal que han pasado por ella, Juan XXIII, el mismo Lenin y en otros tiempos faraones y emperadores. En todos esos casos se debía preservar para la eternidad el icono, la imagen de algo, la que en mayor medida se sostiene en un símbolo, que va construyendo un entramado mítico, y se va llenando de rituales.

Aparentemente el mito de Chávez se visibiliza en obras sociales y subsidios, los que indudablemente traen consigo problemas de déficit fiscal, inflación y endeudamiento, no obstante la gente común cuenta con esos beneficios y los disfruta, para ellos la macroeconomía está muy lejos, solo les interesa la economía de subsistencia diaria, tal como para los que alguna vez peregrinaron frente al “papa bueno”, en ese caso la intención final era la súplica, la rogativa diaria, no importando lo que ocurriera en la curia romana, su rigidez y sus escándalos, los que a la postre han devenido en la renuncia de Benedicto XVI. Un momento de oración frente al petrino embalsamado, sanaba todo pecado, eso es algo tan concreto como la casa regalada por el comandante presidente.

Con la muerte de Chávez se da inicio a la era mítica venezolana, quizás con ligeros aires de “macondo”. En lo que viene veremos sucesivos rituales, se crearán nuevos mitos, de seguro habrá guardianes del templo, se prenderán velitas y habrá animitas, no podría ser de otra manera, el pueblo necesita ídolos, sobre todo hoy cuando en el Vaticano se están cayendo a pedazos. Ratzinger rompió todos los modelos y dijo “ahora a empezar de nuevo” y se fue. Curiosamente en los mismos días Hugo Chávez llega para quedarse en el espacio y el tiempo latinoamericanos. En el Vaticano como en Venezuela el mito de la caverna se actualiza todos los días. En Roma y el Caribe las imágenes fantasmales recorren el imaginario de los encadenados, debiera corresponderles al nuevo Papa y al nuevo Presidente salir de la caverna, matar a sus padres putativos y ver de veras, ofreciéndole a sus prosélitos una presencia real, la verdad encarnada con toda su crudeza, concretamente decirles que la fiesta terminó, que los mitos se han acabado, decirles que ahora es el momento de levantar la nueva Iglesia y la nueva Venezuela.

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