Adivina quién va a Singapur

Pedro GuerraEn una reciente columna publicada en Time, Ishaan Tharoor reflexionaba sobre la pronta apertura de un campus “off shore” de la Universidad de Yale, en el pequeñísimo pero vital enclave comercial en que se ha transformado Singapur, el país más pequeño de Asia.

Singapur no es mucho más grande que la Región Metropolitana, pero gracias a una decidida política de estado y una posición geográfica que le permite drenar una importante carga de tráfico comercial a través de su puerto, se ha transformado en un puntal de desarrollo de la zona, con un ingreso per cápita y un dinamismo económico que ya nos quisiéramos otros países en desarrollo.

No obstante, y de ahí el cuestionamiento, Singapur dista mucho de ser un paraíso de libertades públicas y pensamiento crítico al estilo New Haven, en donde se ubica desde hace casi tres siglos la Universidad de Yale: sus alumnos no gozarán de las mismas libertades ni se relacionarán en el mismo ambiente de libre discusión de ideas con su entorno, pues se insertarán en un ambiente político y social restrictivo, poco proclive al espíritu liberal – americano que inspira a Yale en sus fundaciones. Amargamente, el proyecto educativo de Yale – Singapur representa un cambio en que las instituciones académicas “ya no producirán estudiantes leales a los valores de una educación liberal, sino que promoverá una elite tecnocrática global que ya no responderá más a algún código político o moral”.

Dada la enorme importancia de Singapur en el contexto global, la elección de la ciudad – estado como la primera sede de Yale fuera de EE.UU. no es casual. Responde, por el contrario, a la necesidad de que profesionales formados en el espíritu de la clásica universidad norteamericana sean los que lleven las riendas de complejos aparatos públicos y privados que mueven los hilos del comercio internacional y que, a la larga, constituyen la fábrica o el depósito de paso de gran parte de los bienes de consumo que inundarán las tiendas de Nueva York o Los Angeles.

Más allá de la presunta traición al espíritu Yale que significa la aventura en Singapur, es innegable que la instalación del campus obedece a un propósito político y social que transciende a la propia universidad. Que ese propósito corresponda o no a una tradición liberal y librepensadora, es harina de otro costal. En comparación, la pobreza de propósitos de una amplia gama de Universidades chilenas, es espeluznante: mientras Yale abre sucursales en el mundo en desarrollo para asegurarse de que ese desarrollo ceda en beneficio de los intereses de un país que año a año pierde su importancia relativa en la economía mundial, universidades chilenas escandalizan por, presuntamente, haber comprado procesos de acreditación a una agencia estatal encargada de vigilar el cumplimiento de estándares mínimos de calidad de la educación.

El escándalo de las acreditaciones se veía venir: en el paraíso neoliberal chileno post- dictadura, las regulaciones de cualquier clase se consideran un lastre para el libre emprendimiento que no hace sino retrasar nuestro paso al desarrollo. Pero mucho más incómodas que las regulaciones, resultan ser los organismos del estado encargados de vigilar su cumplimiento, siempre ensombrecidos por inquietantes conflictos de intereses que poco interesa evitar.

La miopía del empresariado chileno, anclado en una mentalidad agrícola – extractiva, ha permeado el mercado de los servicios, y en especial el de la educación superior. La compra de acreditaciones no es más que la consecuencia lógica de un proceso de liberalización de la educación superior que no solo permitió una apertura indiscriminada de entidades y una oscurísima y amplia oferta del producto “educación”, sino que debilitó estratégicamente al sector público educativo en beneficio de intereses privados que entregarían un producto de una amplia clase media que tarde o temprano lo iba a comprar a cualquier precio.

Las universidades privadas crecieron sin muchas restricciones, muchas de ellas sin grandes principios inspiradores y sin tener una incidencia relevante en la mejora de la calidad de la educación superior. A la larga, se permitió sin límites el surgimiento de proyectos educacionales vacíos de cualquier valor político o social, características distintivas, objetivos-país de largo plazo, posicionamientos estratégicos en áreas descendidas en el desarrollo económico o simplemente un carácter propio que impregnara a sus estudiantes, publicaciones o su actividad de extensión. Mucho más simple: no se trata de nada más que de hacer dinero, al costo que sea e incluso corrompiendo al aparato estatal encargado de vigilar.

Mientras Yale se preocupa de formar, bien o mal, bajo principios o sin ellos, a las elites que gobernarán próximamente a los países en desarrollo, en Chile, algunas universidades privadas se dedican simplemente a enriquecer a sus dueños ofreciendo productos de escasa y ahora mismo cuestionable calidad, que dejen tranquilas a las clases medias que ven en la educación universitaria la única herramienta de movilidad social.

2 comentarios

  1. Muy acertado, me gustó ver la comparacion con Yale, en el sentido de que nos traes a colacion un hecho que podria para nosotros pasar desapercibido.
    Es notable como respecto de muchas areas, aun se manejan las cosas con muchisima «inocencia», quienes estan metidos en el escandalo de las acreditaciones, realmente creian que podia salirse con la suya, ni siquiera se preocuparon de esconder lo que hacian…hay conflictos de intereses evidentes, en que uno se pregunta si realmente estaban pensando lo que estaban haciendo.
    La etica y la moral han sido olvidadas en muchos ambitos de nuestro pais, en donde se privilegia el crecimiento econimico sin barreras, aun cuando ese crecimiento provenga de dejar a miles de estudiantes sin sus carreras, endeudados y con sus futuros en una cruel incertifumbre.
    Creo que los «malos» aun subestiman a la sociedad toda, la cual espero poco a poco empiece a despertar y tener una actividad mas fuerte en torno a proteger sus derechos y fiscalizar lo que el «mercado» le esta vendiendo.

  2. Estamos a años luz que una universidad chilena sea capaz de ser eje de relaciones con otros países.Cuando tan orgullosos mostramos la tradición de universidades como la PUC o la Chile y vemos que no están siquiera dentro de las 200 primeras del mundo, a pesar de haber creado redes consideradas legítimas estas no tienen peso para efectivamente poder crear polos efectivos de desarrollo.

    Ahora¿Como enfrentan países en desarrollo escándalos que afectan a bienes tan preciados para una sociedad como es la Educación?

    Sin eufemismos. En China una funcionaria pública fue ajusticiada con la pena de muerte por haber contribuido al cohecho.

    Sabemos quienes son.No es el mercado.Ni la poliítica Neoliberal .Es Eugenio Díaz, o Mauricio Villaseñor. Nombres concretos. Que se vieron protegidos por redes que les permitieron actuar en la impunidad absoluta.Si no revelamos sus nombres contribuimos, por omisión, a su delito

    Yale, Harvard y las grandes universidades de referencia se han formado con fondos privados, como fundaciones.Y no me parece mal.

    Lo que me parece insoportable es que existan funcionarios, de distintas tendencias , que permiten que la educación se prostituya, a todo nivel.

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