Ventanas y el respeto por la vida humana

Pasearse de noche entre las instalaciones, los fierros retorcidos, la chimeneas, las aguas calientes, las brumas, los olores y los ruidos del actual territorio de Ventanas, con un poco de imaginación podría ser parecido a dar un paseo por una sección oscura del Mordor de J.R.R. Tolkien. El asunto de fondo es que ya construimos, los chilenos, una zona de sacrificio, un territorio destruido para la habitación humana, con aguas, suelos y aires tan tóxicos que no resulta razonable ni saludable admitir allí la vida humana familiar cotidiana. La cantidad de casos de cáncer y la cantidad no enteramente documentada de los llamados eufemísticamente “episodios”, confirman que la zona industrial de Ventanas no es ya un lugar recomendable para ser habitable.

Varias décadas de depósitos innombrables hacen que cualquier polvareda local sea una nube tóxica en ciernes, que sea difícil encontrar aguas subterráneas sin contaminación, con un mar lleno de desincrustantes y que no sea saludable comerse una lechuga crecida en esas condiciones ambientales. Los pobres conejos con autopsias verdes los conozco hace años.

Investigaciones científicas, medición de parámetros, análisis de suelos, análisis de aguas y análisis de sangre llevan décadas. Pierdo la cuenta de la cantidad de encuentros científicos donde durante décadas se ha demostrado lo que nadie quiere ver oficialmente: que la zona de sacrificio ya está construida y que ya no es admisible allí el desarrollo sano de una población humana. Para mayor información sería necesario una investigación simple de honestidad: si a algún político local o algún ejecutivo de las empresas locales, le gustaría criar a sus propios hijos en el lugar, con todas las comodidades que puedan imaginar, pero allí mismo donde se crían en el cotidiano los niños de la trágica escuelita de La Greda. Suena fuerte, pero no es alarmista, es realista.

La propuesta sana, honesta y difícil es que hay que evacuar, que hay que pagar y compensar largamente por los daños a quienes han sufrido la desidia del mercado industrial local. Criar infantes en ese territorio es por lo demás homicida, a mediano o largo plazo las opciones de adquirir de modo acumulativo enfermedades caras, invalidantes y mortales, es una probabilidad demasiado alta como para admitir la sana vida doméstica allí.

El resto es considerar que, para las industrias que se queden en medio de la contaminación, aportando además diariamente su dosis de contaminantes remanentes que se quedan en el territorio, la obligación debiera ser entender que “el que contamina paga” y procurar las protecciones y el entrenamiento necesarios de sus operarios, para trabajar con seguridad en medio de dosis acumulativas de años y años.

Que ya exista una asociación local de más de 130 “viudas” del cáncer, que sea la localidad con mayor incidencia de la misma enfermedad, son cosas que no se pueden desconocer. Pasando por alto la cínica frase empresarial de que «nada demuestra que tengamos la culpa”, que es tan cínica como pintar de blanco las paredes de la escuelita luego del penúltimo desastre de intoxicación aérea, una burla industrial muy desgraciada a gente buena y simple.

En resumen, se trata de admitir y accionar públicamente, con verdadera responsabilidad social empresarial respecto de este tema, entendiendo que se trata de un “área industrial de sacrificio” ya consolidada durante décadas, que independiente de lo que se haga tardará decenas y hasta cientos de años en recuperar su calidad de territorio habilitado para la vida humana.

Miles de millones de dólares han salido desde ese lugar para el desarrollo de Chile y los bolsillos de pocos, se trata aquí de no sostener falsas esperanzas de la gente local, gastar unos pocos millones en hacerse cargo de los daños físicos, psicológicos, económicos, la extinción de recursos y daños humanos al fin. Las Industrias, controladas por seres humanos al fin y al cabo, tienen que intentar mitigar las enormes culpas y luego de eso ponerse en campaña para no seguir sacrificando ni a sus trabajadores ni a su exclusivo territorio industrial.

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