A Hitler lo quieren matar en Osorno

Alto, rubio, blanco y de ojos claros. Carlos Basso cumple con el fenotipo de “raza aria” que se daban los nacionalsocialistas alemanes. El periodista y escritor, que acaba de lanzar “República Nazi de Chile” (editorial “Suma de Letras”, de Penguin Random House), se mofa de la comparación.

“Tengo la certeza de que igual me habrían pasado por la freidora”, bromea. “Si te tachaban de ‘liberal’ jodías, por muy rubio que fueras”, asegura. Es que el profesor de la Universidad de Concepción y uno de los premiados en el concurso de crónicas de la Revista de Libros de El Mercurio no se pierde en lo que él habría hecho en la Alemania de los ’30 y ’40.

“Creo que mi rol en esa sociedad habría sido el mismo que tengo en esta y en cualquiera donde me hubieran puesto: de periodista. Como creo que el periodismo es una profesión que entre muchas obligaciones debe defender las libertades individuales y colectivas en todas sus acepciones, definitivamente no habría estado en la vereda de los nazis, así como tampoco habría estado en la de los soviéticos, si hubiera nacido en la URSS, o en el de Castro, si hubiera sido cubano, ni el de Maduro, ni con régimen totalitario o dictadura alguna”, asegura el autor de investigaciones periodísticas como “La CIA en Chile”, “América Nazi”, “Chile Top Secret” y la “Conexión Chilena”, además de las exitosas novelas “Código Chile” y “Código América”, entre otras.

Basso está en plena promoción de “República Nazi de Chile”, un texto que ficciona con un triunfo de Adolf Hitler en la Segunda Guerra, la expansión global del Tercer Reich y con un Osorno convertido en capital sudamericana del imperio. En la metrópolis rebautizada como “Nueva Núremberg” se fragua un plan para asesinar al Führer, quien trata su parkinson en las aguas termales del sur. En su relato aparecen personajes locales como Augusto Pinochet, Manuel Contreras y Paul Schäfer.

¿Por qué decidiste ambientarla en Osorno, ciudad en que creciste? ¿Sospechas que conociste nazis en la infancia? 

Escuché algunas historias de nazis, claro, pero escuché muchas más ya de adulto cuando empecé a trabajar como periodista en Concepción o en Santiago. Como se cuenta en la novela, esta nace a partir de un mapa, el famoso mapa (que ahora sabemos fue falsificado) de América Latina supuestamente dibujado por los nazis. Escribí muchas veces sobre dicho documento, pero la última vez que lo hice fue cuando me pregunté qué habría pasado si el mapa hubiera sido real y los nazis hubieran ganado la guerra. Ante esa pregunta se me vino una imagen a la mente, la de Hitler en las termas de Puyehue, específicamente en Aguas Calientes y los pozones del río Chanleufú, donde iba a chapotear de niño con mis padres y hermanos. Esa escena la escribí de inmediato (…) Necesitaba una ciudad cercana y que además fuera una ciudad con presencia alemana, y ahí se explica que haya sido Osorno.

Según tus investigaciones, ¿Chile era un lugar de interés nazi relevante?

Lo era por muchos motivos (…)  El primero es que el geógrafo favorito de Hitler, Carl Tröll, había marcado a algunas zonas de Chile y de Brasil como lugares posibles de asentamientos futuros, dado que ya contaban con grandes colonias alemanas endogámicas (…) y él sostenía que esas unidades culturales germanas, estuvieran donde estuvieran, eran parte de Alemania. Además, Chile interesaba mucho por motivos geopolíticos, pues uno de los pasos entre ambos océanos (Panamá) estaba en manos de EE.UU., pero el otro era nuestro y de Argentina. Por eso les interesaba tanto mantener a ambos países en estado de neutralidad. 

Hablas de Pinochet y el Mamo Contreras en tu novela. Si hubieran sido nazis, ¿de qué tipo te los imaginas? 

¡Diantres! Presumo que Contreras habría sido de las SS, seguramente del alto mando de Himmler, y creo que Pinochet habría sido un oficial de las Wehrmacht, donde le habría sido difícil ascender tanto, debido a que la mayoría del alto mando era de origen aristocrático y él no.

¿A quién le estás escribiendo al contarle una historia de nazis? 

Creo que le escribo a gente que se interesa por la Historia, por el mal que encarnaban los nazis; a personas fanáticas del cine, de los libros de Anthony Beevor, pero también de Indiana Jones. Hay toda una generación en este país que goza con lo oculto, con la aventura, con los finales sorpresivos y con los mundos que no fueron.

Vuelves a meterte en una novela de corte histórico. ¿Crees que es un género aún en expansión, tras el boom de hace unos años?

Diría que más que una novela histórica, como se las entiende habitualmente, esta es más bien una ucronía, pero claro, tiene trasfondo histórico. No sé si es un género en expansión, pero estamos en un país ávido de saber de su pasado y de conocer su identidad, y eso no ha cambiado un ápice desde unos años a esta fecha. Hace unos días presentamos la novela en Santiago, junto a Jorge Baradit y Pancho Ortega, y la librería del GAM estaba casi colapsada de personas, algo que no es menor: se trata de gente de todas las edades, de todos los estratos sociales, que en vez de irse a su casa luego de un día de trabajo agotador, parten a escuchar sobre un libro ficticio que de algún modo toca datos históricos y habla de un pasado desconocido, aunque sea en términos ficticios. Me parece increíble, pero, claro, supongo que en algún momento ese interés va a decaer y se va a reemplazar por otras temáticas.

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