Carta abierta a Merval

MervalEstimados amigos de Merval, quiero comenzar estas líneas reconociendo que me caen bien: prestan un buen servicio a un precio razonable y eso ya es mucho decir en los tiempos que corren. Pero creo que con esta última idea, la de prohibir artistas en los vagones, se pegaron una fea patinada, y ustedes (como empresarios transportistas) saben cuán peligroso es que patinen los trenes.

Les cuento: ayer iba a Limache desde Estación Barón metido en mi libro, cuando de pronto los primeros acordes de una guitarra me hicieron levantar la cabeza. A la altura de El Salto, un cantor popular afinaba su instrumento, y justo cuando se presentaba, lo interrumpió una voz femenina desde los altoparlantes.

“Señor pasajero, no estimule con propinas a vendedores ambulantes o artistas, que no cuentan con autorización por parte de Merval, y se arriesgan a una sanción”.

La gente –les prometo– comenzó a abuchear y un tipo dijo en alto “entonces sigamos viendo farándula en la tele”. “Gracias –dijo el artista– así es como Merval apoya la cultura”. Para hacerles el cuento corto, el mensaje grabado logró precisamente el efecto contrario: el improvisado público aplaudió con entusiasmo la breve presentación, que resultó ser muy buena, y premió al cantor con abundantes propinas.

Gracias a ustedes, apoyar al artista callejero se transformó además en un acto de militancia.

Si les preocupaba la mendicidad, los apoyo, en especial cuando se trata de gente joven y sana, que al parecer ha hecho carrera en el arte de pedir plata a cambio de lamentos. Si es por el comercio ambulante, puede que también los apoye, pero si lo que les preocupaba era el ruido, hubiera sido muchísimo más útil (y mejor recibido) dirigir su campaña hacia el gil que insiste en escuchar regaetton con su celular, sin conocer todavía la invención de los audífonos.

No me importa lo que diga la señorita de los parlantes. Mientras sigan subiendo artistas al metro, seguiré apoyando su canción fugaz, modesta y clandestina. Y todo por amor al arte.

6 comentarios

  • No podría estar mas en desacuerdo con usted.

    Claro que es un muy buen servicio a un precio razonable… Pero no olvide que es un servicio de transporte, no un show de variedades en movimiento. Yo aplaudo que merval prohiba ‘artistas’ que obligan a la gente a escucharlos (claro, no me puedo bajar a mitad de camino si no me gusta su ‘arte’). Si a ud le gusta la musica y estos espectaculos, genial! Vaya y pague por ellos o deles una propina cuando voluntariamente se acerque a disfrutarlos. Pero no pretenda que todos disfrutemos de sonidos impuestos por la necesidad del artista, aprovechando nuestra necesidad de transporte.

    Si lo mira con calma vera que no hay mucha diferencia entre el joven del regueton y el ‘artista popular’ si a ninguno de los les importa si nos gusta su musica.

  • Si te gusta la música comunista, escuchala en tu mp3. Para mi la única música que salva es el maldito ROCK! y ni ahí si a los graves no les gusta…

  • Estimado Alejandro: Evidentemente, sí podemos estar más en desacuerdo: usté y yo coincidmos que es un buen servicio a un precio razonable. Ahora bien, respecto a lo segundo, respeto plenamente su punto de vista (si bien no lo comparto). Convengamos entonces que, si la idea es eliminar los ruidos molestos durante el viaje, no me parece que la solución sea poner un mensaje que se repite como una letanía estación por medio.}

    Anonymous… “uuuy qué miedito”…

  • He escuchado desde hip-hop hasta tango, tanto en micros como en trenes, y para serte sincero Alejandro, difícilmente puedo catalogarlos de “ruidos molestos” a menos que efectivamente sean muy mal interpretados (cosa que también sucede). Tener la oportunidad de escuchar un poco de música en vivo de manera gratuita no es precisamente un perjuicio, y por lo demás, siempre está la alternativa de ignorar, así como ignoramos permanentemente, por ejemplo, que la molestia que sentimos respecto de lo que sucede a nuestro alrededor habitualmente es resultado de una idea inconsciente de cómo debe ser el mundo. De todas formas, si alguien quiere un viaje en silencio, tendrá que esperar a que el tren tenga silenciadores, porque solo por andar el tren ya hace ruido.

  • En desacuerdo contigo, tal vez tu no viajes de lunes a viernes el tramo limache-valparaiso, pero ya me tienen chato estas personas, se suben de 4 a 6 por viaje, con la misma música de siempre, a veces uno ni siquiera puede hablar con las personas con las que viajan porque estas personas meten bastante ruido, muchas veces no se puede estudiar en ese tiempo de 2 horas diarias gracias a su distracción, o no se puede hablar por teléfono, ellos dicen que lo hacen por el arte y con la intención de amenizar pero realmente para mi es una lata escucharlos y verlos.

  • El punto esta en lo siguiente, los que se suben al tren a cantar, tocar o lo que sea, me OBLIGAN a escucharlos, no tengo a donde ir, te IMPONEN su “arte”, diferente es el caso en que en una calle tu te detienes a escuchar a un artista VOLUNTARIAMENTE. A veces voy leyendo y al lado mio perturban el silencio, y tengo que dejar de leer, o bien, gente que ha debido dejar de hablar por móvil o conversar porque el sonido del “arte” impide seguir hablando. Es bien facil y comodo para los artistas subirse a un lugar donde IMPONEN a 60 o 70 personas el escucharlos. Si seguimos con estos artistas,
    “un día de estos si sigue el tema asi, yo gratuitamente voy a pararme al medio del vagón y hacerles una exposicion sobre economia internacional a todos los pasajeros, IMPONIENDOLES a que me escuchen. Total como argumentan algunos, es cultura no??”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *