Agua en crisis

“Regar con agua potable -entre otras- son irracionalidades cotidianas que permite el mercado”, acusa el académico del Departamento de Arquitectura de la Universidad Técnica Federico Santa María.

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Pedro SerranoLa cantidad de agua que hay en el planeta es más o menos la misma hace millones de años: está líquida, gaseosa o sólida y varía sus estados de acuerdo a las eras. Hoy día está salada en un 98% y el 2% sería agua dulce, la mayor parte restante está congelada, el resto sería agua dulce no tan limpia.

Por aquí se llega al tema que, a pesar de ser el agua un recurso abundantísimo, el agua para consumo humano sana y pura es sumamente escasa -en realidad, desesperantemente escasa-, el agua dulce limpia está cada vez más contaminada, distante y difícil para muchos seres humanos.

Necesitamos mínimo dos litros -realmente limpios- por cada ser humano cada día. Somos siete mil millones de seres humanos y vamos en aumento. Varios miles de millones de humanos tienen problemas hoy con su acceso al agua limpia. Santiago, entre otros, por dar un ejemplo cercano, ha sufrido grandes crisis de agua potable en estos meses.

¿Qué pensarán los que tienen el privilegio de darse duchas de 200 litros (media hora), llenando agua limpia, filtrada, floculada, clorada, bombeada, botándola con jabón, champú y restos orgánicos? ¿Ha pensado Ud. que, cuando “tira la cadena” de su W.C. tecnificado, ensucia con detritos humanos entre 10 y 15 litros de agua potable cada vez?, ¿Y la lavadora? Regar con agua potable -entre otras- son irracionalidades cotidianas que permite el mercado. El agua se paga, y la empresa lucra. Resulta lógico que la empresa desee que Ud. gaste agua y la pague, ese es su negocio. ¿Es racional el esquema, pensando en el derecho humano antes mencionado? Humanos sin cultura, con dinero, tecnologías obsoletas, empresas que lucran con un mal servicio.

Nueve comunas en Chile superaron el límite de toxicidad del agua potable presentando altas concentraciones de arsénico, sulfatos y nitratos, según mostraron los informes mensuales de calidad del agua que realiza la Superintendencia de Servicios Sanitarios. Santiago crece sin planificación, las redes crecen, las viejas redes no resisten y el agua es la misma y menos, los glaciares de la cordillera de Santiago se derriten y en un año dos aluviones ensuciaron el agua y el sistema no pudo responder.

En Concón estuvimos un año tomando agua con olor y sabor a pantano. En las ciudades mineras de norte los metales pesados llegan al agua de consumo humano. Los nuevos y millonarios proyectos mineros están y estarán sedientos, con un agua cada vez más demandada, difícil de conseguir y más fácil de contaminar río abajo, napa abajo. Los chanchos de Freirina tomaban agua con metales pesados. El río Aconcagua recibe grandes cargas de relaves y contaminantes, pero alimenta a ciudades grandes y una agricultura extensa. En el sur los cisnes ya murieron, humedal abajo de la papelera y en Punta Arenas el agua de una lluvia arrasó con el centro de la ciudad.

Algo estamos haciendo muy mal con el agua en Chile, hay tecnologías para resolver casi todo, no hay decisión política. El control del agua es un poder segregante, hay cada vez menos reservas reales de agua, obra y gracia del calentamiento global. Aquí hay un derecho humano -absolutamente vital- que está en problemas en todos los niveles. Habrá que ver si habrá un gobierno futuro capaz de enfrentar las crisis de agua que ya están aquí y esas que ya se vienen.

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