Los gordos de Madrid

“Apenas vean una pareja con estas características, intenten ignorarla y por nada del mundo crean en sus manifestaciones amistosas ni en las apariencias bondadosas y altruistas”, advierte el autor.

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gordos - http://anarteoleo.blogspot.com/Los gordos de Madrid son feos. Son feos por dentro y son feos por fuera y su fealdad carece de toda dignidad. Es una fealdad simple que nada tiene que ver con algunos feos misteriosos o aterradores. Estos gordos son simple y vulgarmente feos.

Él trata de parecer bueno, sabe que es feo, pero cree que con su aparente bondad puede llegar a parecer lindo y algunas veces logra engañar a la gente. Así todos lo ven como el gordito buena onda, siempre dispuesto a ayudar: generoso, capaz de sacrificarse por el otro. Pero basta conocerlo un poco más y te das cuenta de que se trata de un sujeto despreciable, un reptil de caca, un gordo retorcido y opaco lleno de graves complejos de diversa índole. Complejo por su gordura, porque sabe que es feo, porque es jorobado y porque quisiera poder follar y tener mujeres y no le resulta. Al menos, generalmente no le resulta.

Una vez este pobre gordo pudo conseguir donde meterlo (alguien distinta de la gorda de su mujer, se entiende, porque, y en esto seamos claros, los feos con mujeres feas no se contentan con eso y quieren, aunque sea muy de vez en cuando, poder metérselo a una no tan fea). En fin, sigamos con la historia: habíamos quedado en que por fin el gordo encontró donde meterlo. La conoció por uno de esos sitios de internet donde todos buscan con quien follar sin perder el tiempo en galanterías y cosas de ese tipo. El gordo estaba feliz, después de un buen tiempo lo metería con una que, aunque no la conocía, seguro que era menos fea que su gorda; pero, para mala suerte del gordo, que estaba feliz porque su gorda estaba en otro continente, ésta adelantó el pasaje para darle una sorpresa. Por suerte, un amigo del gordo pudo avisarle a tiempo. De lo contrario, la gorda habría encontrado al gordo con el culo al viento y en medio del proceso que le desinflara los huevos.

Así es el gordo: le gusta parecer el hombre más enamorado y feliz con su gorda, cuelga fotos de ellos abrazados en su casa y en el internet, y muchos llegan a decir –y con sinceridad- que hacen una linda pareja. Imagínense, dos gordos feos una linda pareja.

Y esto que he dicho hasta ahora no es nada, porque que el gordo quiera meterlo no tiene nada de malo, al menos no debería tener nada de malo para nadie que no sea la gorda cornuda, que en verdad no es ni tan cornuda porque, como ya adelantamos, al gordo no le dan mucha bola así que la mayoría de sus infidelidades son solo mentales. Quizá sea infiel cuando se pajea o mientras se tira a la gorda piensa en una flaca y con su fantástica imaginación transforma en fibra la celulitis. Pero eso ya no parece ser una infidelidad, es cuestión de definición.

Es que este pobre gordo feo, despreciable, con actitud simpática, se siente fracasado. Llegó de un pueblo a la ciudad y se casó con la primera que le dio bola y luego emigraron a Madrid y sólo entonces el gordo se dio cuenta que incluso los feos podían follar sin casarse. Pero ya era tarde: estaba casado y no tenía tampoco ganas de divorciarse, porque de alguna manera el gordo quiere a su gorda y así le gusta demostrarlo. Además, tras tanto fracaso amoroso y sexual, el gordo sabe que al menos con su gorda tiene asegurado un orificio gordo y negro, que no será de los mejores, pero para el gordo siempre una gorda es mejor que una paja.

Pasemos ahora a la gorda, otro ente repugnante, quizá más aún que el gordo. Es gorda, morena y tiene unos grandes ojos siempre atentos de la vida ajena. En sus flácidas carnes abunda la celulitis y sus tetas blandas casi le llegan al ombligo. Parece una babosa hinchada. Ésta, creo, a diferencia de su marido, no es infiel y hasta piensa que podría ser feliz con su reptil de caca. Ve con orgullo que éste pone fotos amorosas en el internet y se siente querida.

El gran problema de esta gorda es que vive pendiente de la vida de los demás. Y lo más divertido de todo es que le preocupan preocupantemente (valga todo tipo de redundancias) los cuernos de sus amigas o de quienes ella cree que son sus amigas, porque la gorda no es muy querida ya que todos desconfían de este tipo de personas tan interesadas de las vidas ajenas. Lo más raro es que la gorda parece que no sospecha de sus propios cuernos y cuando el gordo se desaparece por una o dos noches y luego le dice que tenía que acompañar a su amigo depresivo, la gorda parece creerle. Pero tampoco me atrevería a asegurar que la gorda no sepa lo de sus cuernos porque también he notado en ella unos arranques celosos que no tendrían justificación si no supiera que el gordo solo quiere meterlo, donde sea. Quizá la gorda en el fondo está consciente de que su gordo es muy feo y que es probable que no tenga ningún éxito con las mujeres; pero, como ya dije, no puedo estar tan seguro.

La gorda además es despreciable porque profesa un extraño arribismo intelectual que llega a un patetismo exagerado. Habla de su tesis doctoral hasta cuando está borracha y no le importa que a los oyentes no les interese su tema y que así se lo manifiesten expresamente. Cuenta veinte veces sus anécdotas de cuando conoció a tal o cual filósofo del derecho como si se tratara de Mick Jagger o Maradona. Las veces que me junté con los gordos me di cuenta de que muchos trataban de sentarse lejos de la gorda porque sabían que hablaría con un tono patéticamente docente toda la noche de cosas que había recién aprendido y que no le interesaban a nadie (a nadie al menos a esa hora y después de varias cervezas).

Y no es que yo me sienta muy guapo ni que profese una férrea convicción en la superioridad moral de la belleza, pero así son estos gordos: patéticos y despreciables. No aportan nada al mundo. Parece que creen que sus miserables, gordas y feas vidas pueden ser más divertidas si se dedican a comentar las vidas ajenas. Si bien la verdaderamente patética es la gorda cornuda, el gordo también pone lo suyo. Tampoco son cuidadosos con quienes hablan y con quienes no. A mí, por ejemplo, la gorda me acusó con mi ex novia de haber sido infiel, pero no dijo nada concreto; sólo su intuición le bastó para complicarme la vida. Después de haberle dicho a la gorda inmunda que no se metiera en mi vida, la gorda, más patética de lo habitual, se dedicó a contarle (llorando) a todo el barrio y a los amigos y a los amigos de los amigos lo que había pasado, como queriendo justificarse ante todos, y de paso iba dañando mi imagen, que nunca ha sido de las mejores, y la de mi ex novia.

En fin, notarán que este mini relato está escrito con rabia, la que no quiero esconder. Es una advertencia para quien lo lea, porque a estas alturas ya creo que se trata de un tipo de uniones de gordos feos que se repiten en diversas ciudades y que se comportan de modo análogo. Yo me demoré en descubrirlo. Pero ya creo poder comprender que nada bueno puede salir del matrimonio de dos pícnicos horrorosos y que, conscientes de su desgracia, tratarán de arrastrar al mundo a la infelicidad y a los problemas. Así que sirvan estas palabras de advertencia, y apenas vean una pareja con estas características, intenten ignorarla y por nada del mundo crean en sus manifestaciones amistosas ni en las apariencias bondadosas y altruistas. Es más fácil de lo que parece, hay que hacerle caso a la primera impresión, cuando recién los vean y piensen que se trate de una pareja fea, no cambien de parecer por dulces y melosos que los vean, porque las parejas de gordos feos son de lo peor.

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  • Anastacia maldonado: Miren les dejo mi historia aqui, actualmente tengo 13 años, y si, quede embarazada, y no fue "por andar de caliente", fui victima de violacion, me dr
  • hernan: lastima que el apellido se perderá, amenos que lleven el primero y haga el tramite en el registro civil
  • Loko: Sería bueno qe manejen una caja de preservativos mejor qe hacer eso