“En mi adolescencia nunca me relacionaron la palabra placer al sexo”

flavia limoneA esta viñamarina, radicada hace siete años en Barcelona, no le causa el más mínimo problema comentar que en tercero medio abandonó su colegio, la Scuola Italiana de Valparaíso, porque estaba embarazada. Eran los años ochenta y confiesa, además, que mientras estudiaba no se enteró del horror que inflingía el régimen militar. “Viví la Scuola como un reducto italiano en Viña. Sabía mucho de Italia (también sobre quién la dirigía en cada periodo) pero nada de Chile”, concluye.

Después de rendir exámenes libres, “entre tetas y pañales” como sentencia en su website, se casó y al año siguiente se matriculó en Educación Diferencial en la PUCV. Tras un lustro, tuvo a su segundo hijo, mientras su matrimonio flaqueaba.

En tanto, su afán por conocer no cesaba por lo que siguió un magíster en lingüística aplicada. Eran años en que se devoraba la literatura feminista, y el estudio de la mujer la obsesionaba. A su vez, la separación de su marido se consumaba.

Al tiempo partió a España, allí inició una nueva relación sentimental con el reputado académico Teun van Dijk, conocido como el padre del análisis del discurso. En Barcelona siguió un posgrado en terapia sexual y de pareja, y luego un doctorado en psicología social. Todo un cúmulo de experiencias biográficas y académicas que la hacen repensar su vida en todos los planos.

-¿Cómo y cuándo recibiste tu educación sexual? ¿Cómo educaste a tus hijos?

Para bien o para mal, creo que el asunto es que no recibí educación sexual. En las instancias educativas (la Scuola, mi familia, el catecismo) el sexo casi no fue tema y lo poco que pude leer entre líneas era que la sexualidad femenina era algo de adultas casadas y tenía una consigna inviolable (que asumí perfecta y alegremente, como todos los demás “deber ser”de “una buena chica”): el sexo sólo por amor. No recuerdo, honestamente, haber escuchado ni haber asociado jamás la palabra “placer” al sexo.

La educación sexual de mi hija e hijo se ha dado de una manera totalmente diferente. Creo que lo más importante es que en nuestra familia el sexo no es un asunto cargado de manera especial. Es privado e íntimo porque así está definido en nuestra cultura y vivimos en ella, así que así funciona, pero no es un secreto. Tratamos el sexo como cualquier otro tema de conversación (y es uno de los preferidos en casa).

– Vives hace un buen tiempo en España ¿qué diferencias has percibido entre los españoles y los chilenos en cuanto a su relación con la sexualidad?

En España, hay mayor libertad en el plano de las formas, pero de fondo, siguen existiendo muchísimos prejuicios. Muchas veces me impresiona ver que la gente joven se enfrenta a temores y dudas que una podría creer ya superados. A la gente de aquí no le gusta mucho, pero yo suelo decir que un pasito por delante de América latina y dos por detrás del resto de Europa.

– Tu pareja es un connotado intelectual, además tu currículo es bastante contundente. ¿En qué contribuye la formación académica a la sexualidad cotidiana?

Dudo que la formación académica influya en absoluto en la cama. Sin embargo, sí me haces pensar que quizás, el ánimo de saber, la curiosidad de quién trabaja en ciencias sociales y humanas y hace de eso una forma de vida, pueda relacionarse con esas mismas ganas de conocer y curiosear en el aspecto sexual. En nuestro caso, creo que ser los dos comprometidamente feministas y, en la práctica diaria, compartir todas las tareas de un hogar tiene claras ventajas también en este aspecto de nuestras vidas. Hace poco estuvo Michael Kimmell en Barcelona y contaba sobre una reciente investigación que, entre otras muchas cosas, venía a concluir que hombres comprometidos en el cuidado de la familia, las tareas de la casa, etc., tenían más y mejor sexo. ¿Por qué? La respuesta resultante bastante obvia: primero, su pareja no está rendida al llega al noche cuando por fin pueden estar en la cama y tranquilos. Segundo, y aún más importante, ella no está resentida porque no se ha sentido todo el día explotada y abusada.

– ¿Qué echas de menos y qué definitivamente no extrañas de Viña del Mar?

Extraño mis amistades, mi familia. Es duro no poder estar cuando sabes que te necesitan o el que no estén cuando quieres compartir grandes hitos y alegrías. Y el olor del mar de Viña; en Barcelona, es excepcional el día en que el mar huele. ¿Resulta muy banal si te digo que no extraño la parte de arriba del bikini ni lo gélido de nuestras aguas?

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