Lo que no hay que hacer en la cama

Carla StagnoEl primero, eso sí, reconozco que fue un error garrafal y absolutamente involuntario. Hombres ¡tápense los ojos!

Nunca morder el pene durante sexo oral”. Parece obvio ¿no? Pero los accidentes ocurren. Estábamos con Jorge en nuestras primeras sesiones de ring en el catre, yo dejándolo todo pues –a que no- quería superar todas las barreras habidas y por haber de sus experiencias anteriores. Por eso, y dispuesta a aguantar hasta el más doloroso de los calambres maxilares, me la jugué y Jorge estaba a punto de gritar un épico Viva Chile… Cuando tratando de hacer un truco que lo dejara loquito, terminé por escuchar con subwoofer un rosario tan emblemático como la propia bandera. Loco quedó, sí… ¡Pero de dolor! Desde ese entonces, soy una viejita sin dentadura a la hora de realizar sexo oral.

“Jugar con sus testículos sin delicadeza”. Es cierto que no hay “banana split” sin las bolitas de helado, pero eso no significa que tengamos que devorar ambos con igual intensidad. Al menos, eso aprendí yo cuando el pobre de mi maridito intentaba fingir cara de placer cuando era obvio que mis artimañas con sus gemelos no funcionaban. Hoy les hago cariño, los saludo y de vez en cuando los invito a jugar, pero tengo claro que no son buenos para los deportes extremos. Son los parientes mamones y hay que aceptarlos y hacerles cariño.

“Apretar el pene como si fuera un juguete anti estrés”. No son las bolitas chinas ni las masas ochenteras con que uno jugaba a hacer figuras, pero ¡pucha que dan ganas de apretarlo! Como sea, Jorge me lo tiene prohibido, aunque para ser sincera, hay veces en que de la nada me pide más presión. En esta me declararé culpable a medias.

“Caer en estado de vegetación sexual”. Aquí sí que agacho el moño. Han sido tantas las veces en que por ahorrar una pelea he puesto piloto automático, que ni siquiera intentaré defenderme. Lo peor es que a veces, entremedio de la performance, comienzo a disfrutarlo, pero es tanto el cansancio o el sueño que sigo jugando al muertito. Y no, de seguro no debe ser agradable. “La” vez que Jorge no quiso cambiar de posición porque estaba cansado, lo traté hasta de “poco emprendedor”. Mal.

“Hacer pipí entremedio”. Esta es clásica y curiosa. Por una parte, tenemos a la medicina de nuestra parte con el gran lema “no hace bien aguantarse”, pero por otra ¿quién no ha retrasado unos minutitos ir al baño, a cambio de esos mini orgasmos que nos hacen sonreír a escondidas? Si es que son muy ricos… Y en nuestra defensa, fácil de confundirlos con las cosquillas propias del apareamiento. Lo malo es cuando no distingues y debes interrumpir una por otra. ¡Ahí los mini orgasmos son el peor premio de consuelo! Y todo por golosa.

Y una que pensaba que era llegar, mover el culito, endurecer la cosa y ¡listo! ¿Nos habremos equivocado al promover la igualdad?

Sigue a la autora de esta columna en @carlaguionista

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *